05.03.2018
Por Fernando González

El peronismo no tiene candidato pero se ilusiona con el ballottage

Urtubey, Pichetto y Bossio se mueven para recobrar la identidad opositora.


Lo último que pierde un político es la esperanza. Allí donde cualquier ser humano ve dificultades, frustración y decadencia, el dirigente político descubre un resquicio para cambiar el escenario y aproximarse al poder. Ese afrodisíaco que compite mano a mano con el sexo a lo largo de la historia.

Hace un par de semanas, circuló en las redes una fotografía de Sergio Massa subido a un tablón y dando un discurso en un rincón del Gran Buenos Aires. A su lado estaba la diputada Graciela Camaño y lo escuchaban unas pocas personas. Un auditorio desangelado para un candidato que estuvo cerca de llegar a la Casa Rosada.

Los barrabravas de las redes sociales se hicieron un festín con la imagen como si Alfonsín, Menem o Kirchner no se hubieran subido a cientos de escenarios inhóspitos antes de llegar a ser presidentes.

El deseo es siempre el motor de las causas que parecen perdidas. Hasta que dejan de serlo.

La imagen de Massa viene a cuento porque el peronismo está viendo una oportunidad allí donde el Gobierno sólo ve un campo abierto para que Macri, Vidal y Rodríguez Larreta puedan conseguir sus reelecciones el año próximo.

El impacto negativo de la reforma jubilatoria, con su secuela de violencia en la Plaza del Congreso, y el bajón social que produjeron los tarifazos en el primer bimestre del año abrieron una herida en la Casa Rosada que sacó de la agonía a la oposición.

Es que el panorama pintaba realmente mal. La multiplicidad de causas judiciales, el rechazo electoral de octubre pasado y la consolidación de Cristina Kirchner y Hugo Moyano como referentes insólitos de la modernidad peronista habían convencido a muchos dirigentes sobre lo inevitable de tener que esperar hasta 2023 para poder soñar con el regreso.

No es mucho lo que cambió desde entonces pero fue suficiente para encender la ilusión del peronismo. La impotencia oficial para ponerle freno a la inflación y la caída de la imagen presidencial hicieron el resto.

Los peronistas comenzaron a reunirse y a trabajar para explorar la construcción de una alternativa de gobierno con vistas a las elecciones del año próximo.

En la vereda del peronismo racional, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto en el Senado y Diego Bossio entre los diputados vienen ejecutando algunos movimientos para recobrar la identidad opositora que la cercanía con el macrismo les impedía mostrar en público.

Han contratado un cuarteto de consultores políticos afines al peronismo; han aglutinado a algunos economistas como Miguel Peirano y Marco Lavagna, y han empezado a expresar sus diferencias con el Gobierno.

El jueves, apenas terminado el discurso del Presidente ante la Asamblea Legislativa, salieron a plantear críticas que antes sólo se escuchaban en el diccionario K.

Urtubey ya se había adelantado a criticar a su amigo Macripor haber recibido al policía Luis Chocobar en la Casa Rosada e interferir con el Poder Judicial.

Hay otros gobernadores peronistas que ya se despegaron discretamente de la movida oficial para cobrarle la atención sanitaria y educativa a los extranjeros.

Pichetto les ha dicho a sus legisladores que el megadecreto para desburocratizar el Estado no pasará por el Senado si no hay cambios. Y Massa irá en la misma dirección en la Cámara de Diputados.

Al Gobierno le costará conseguir los votos del peronismo aliado en el Congreso como lo hizo el año pasado.

“Tenemos una estrategia más opositora pero no tenemos candidato presidencial”, reconocen la mayoría de los integrantes del peronismo dialoguista.

A menos de 20 meses de la elección presidencial admiten que la opción del sector estará inevitablemente entre Urtubey y Massa. Y que podrían ser parte de una gran interna peronista sólo si Cristina elude la tentación de competir otra vez con el macrismo.

Entre los kirchneristas se barajan los nombres de Axel Kicillof y de Agustín Rossi para reemplazar a la ex presidenta, pero nadie cree seriamente en la ficción del “kirchnerismo sin Cristina”.

La referencia que ilumina los ojos de los peronistas es un dato de la patria grande latinoamericana.

Cinco de los presidentes importantes de la región fueron elegidos por ballottage. Dilma Rouseff en Brasil; Tabaré Vázquez en Uruguay; Juan Manuel Santos en Colombia; Lenin Moreno en Ecuador y Sebastián Piñera en Chile.

Todos debieron atravesar el filtro de la segunda vuelta y en el peronismo creen que tienen al menos una chance de vencer a Macri si logran llegar también a esa instancia institucional.

En definitiva, el Frente Cambiemos sacó el 42% de los votos en la última elección y no es fácil seducir a la mitad del electorado. Además, está claro que en el país adolescente e impredecible la ilusión no se le niega a nadie.

Si hasta apareció Eduardo Duhalde en los últimos días para arriesgar que la Argentina se parecía a la de 2001 y que él también estaba entusiasmado con volver a ser candidato presidencial.

El hombre de Lomas de Zamora tiene 76 años; llegó a la Casa Rosada por la hecatombe del comienzo del siglo y creyó, erróneamente, que la sociedad no lo iba a seguir acompañando después de que la Policía Bonaerense asesinara a los piqueteros Kosteki y Santillán.

Prefirió irse solito a su casa y dejarle al peronismo la candidatura de un ignoto Néstor Kirchner. Un presente griego por el que los compañeros del movimiento todavía lo están insultando.

 

Fuente: Clarin



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