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04.06.2018
Por Oscar A. Moscariello

Hacia un mercado único digital

Un periplo inédito trajo en estos últimos días a Europa al fundador de Facebook.


Expuso en Bruselas ante los eurodiputados y en París se reunió con el presidente Emmanuel Macron. Mark Zuckerberg no cruzó el Atlántico para repetir lo dicho ante el Congreso de los Estados Unidos. El motivo principal de su viaje fue interiorizarse sobre el proyecto europeo de creación de un mercado único digital.

Es verdad que en su tiempo Europa intentó, aunque sin éxito, crear un motor de búsqueda en Internet y una plataforma de interacción social capaz de competir con los gigantes norteamericanos. Ahora bien, en lo que se refiere a la regulación del sector, la normativa europea es hoy -lo reconoció el propio Mark Zuckerberg- la más desarrollada del mundo. Un trabajo que está contagiando a los legisladores de otras economías y que influenciará sin lugar a duda el futuro del comercio internacional.

Uno de los ejes centrales de la futura regulación es el levantamiento de obstáculos para la libre circulación de datos, al igual que en la actualidad existe para los bienes, servicios, personas y capitales. El fin del roaming en Europa parece ser la medida más emblemática en este campo. Atrás quedaron los tiempos en que los ciudadanos pagaban cuatro veces más por una llamada hecha de un lado o del otro de la frontera.

Asimismo, en la era digital la regulación no puede seguir siendo analógica. En este marco, creo que Europa ha logrado reforzar la protección de los consumidores, de las empresas y de los propios Estados sin imponer un chaleco de fuerzas a la innovación. En la semana de la visita del presidente de Facebook, por ejemplo, entró en vigor legislación que consagra el derecho de cada ciudadano a solicitar sus datos personales que guarda un organismo público o privado y pedir su posterior eliminación.

Por otro lado, Bruselas propuso recientemente la creación de una Agencia de Ciberseguridad y reveló elementos que demuestran la urgencia de fortalecer los instrumentos públicos en este dominio, tales como el hecho de que alrededor de la mitad de los crímenes cometidos en algunos Estados ya ocurren hoy en el ciberespacio.

Por último, son también meritorios los pasos emprendidos en materia fiscal, pues en la actualidad, según informó la Unión Europea, el tipo impositivo efectivo pagado por las tecnológicas corresponde a la mitad de la contribución exigida a los sectores tradicionales de la economía. En este contexto, una de las propuestas legislativas que se están planteando permitiría tributar beneficios generados en el espacio comunitario por empresas que no se encuentran físicamente presentes en el territorio.

De este modo, el nivel de interacción establecido a través de canales digitales, y cuantificado por el número de usuarios en un Estado-miembro, se convertiría en un criterio fiscal.

Por supuesto las propuestas europeas no estás exentas de críticas y tampoco constituyen la única manera de afrontar los desafíos tecnológicos. Sin embargo, creo que la atención dedicada al tema terminará reforzando las ventajas competitivas en esta parte del mundo, toda vez que un mercado abierto a la innovación, seguro para sus agentes y fiscalmente previsible siempre genera prosperidad y bienestar social.

Fuente: La Nacion



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