07.10.2018
Por Ricardo Kirschbaum

Tres mujeres en los aprontes de las elecciones

Para entender la embestida de Carrió hay que ver la táctica de polarizar con Cristina de Peña-Durán Barba.


Es algo que se comenta, y abarca toda la política, desde Cambiemos, al peronismo que lentamente se desprende del kirchnerismo y, naturalmente, lo alcanza a éste. Incluye a Carrió y puede explicar buena parte de su explosión contra el ministro Garavano, por no ir directo contra Macri. No es tanto Menem, aunque lo incluye, si mucho más Cristina Kirchner.

La pensada especulación es quién le arrimaría más votos a Macri, que ya se postulo para la reelección: si Vidal en su fórmula o Cristina como competidora excluyente. Traer a Vidal a la fórmula puede ser leído como un acto de arrojo porque dejaría un vacío muy difícil de llenar en el territorio electoral de la ex presidente.

Es seguro que la dupla Peña-Durán Barba le están dando vueltas al asunto. Y el asunto tiene un interrogante: ¿Cuál será la condición judicial de Cristina al momento de jugar las cartas electorales? Con Carrió no hace falta suponer. Su posición es que si Cristina robó, su destino debe ser condena. Pero está probado que la Justicia tiene herramientas para estirar el tiempo.

Si así se mira la blitz que Carrió desató contra Garavano se puede comprender la aparente desproporción entre un pedido de juicio político contra el ministro de Justicia por sus declaraciones. Garavano dijo que no es bueno para ningún país tener un ex presidente preso o con pedido de prisión. En abstracto, pasa. Pero el problema es:¿Qué país tiene un ex presidente bajo tantos procesos y frente a tantas pruebas?

Carrió, denunciante pionera de Cristina puede sentir estar bajo fuego amigo. Y pensar que más votos arrima el cambio ético que siempre está por llegar y que con el fallo absolutorio de otro ex presidente, Menem, sencillamente se aleja. Más fácil: Cambiemos no cambia, usa la política para influir sobre la Justicia. Tal vez menos que otras veces, no tan abiertamente y con más sutileza porque no tiene la fuerza legislativa suficiente, como tuvo el kirchnerismo.

Carrió tiene a Garavano hace tiempo en la mira. Este empuje tiene un aditivo: se quedó con la comida servida en el Congreso por ausencia del peronismo, ausencia que ella sospecha tuvo un guiño oficial. El tiro ha sido, también, contra Macri y los radicales.

La ética de Carrió, que es la propia Carrió, se siente no una electora potencial (Vidal) o lateral (Cristina), sino directa y bien concreta: en las legislativas le dio a Cambiemos su triunfo en la Ciudad. Entonces interpreta que desde la Casa Rosada hay interesados en que Cristina siga en capilla y sea la contendiente en 2019. Polarización, que aplaudiría el filósofo y asesor K Ernesto Laclau como método de acumulación. Ahora lo piensan al revés.

Vidal ha decidido jugar su suerte con Macri y no desdoblará su elección, algo que le pedía Sergio Massa para alejar a los intendentes de las faldas de Cristina. Pero la política le puede pedir un sacrificio y Carolina Stanley iría a la provincia (también se anota Esteban Bullrich). Que la gobernadora pase a la liga nacional es una suposición y como tal algunos consideran que puede ser la carta de triunfo si Cambiemos está forzado a cambiar.

Fuente: Clarin



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