07.10.2018
Por Nelson Castro

Llueve sobre mojado

Menem sin condena y millones de argentinos condenados por la severa crisis económica.


Imposible no hablar de la gravedad republicana del fallo de la Sala de la Cámara de Casación Penal que consagró la impunidad del ex presidente Carlos Menem en la causa por la venta ilegal de armas a Croacia y a Ecuador.

Es esta una de las decisiones judiciales que más ha inflamado de indignación a la mayoría de la ciudadanía. Pero no es solo el fallo de los camaristas Liliana Catucci, Eduardo Riggi y Carlos Mahiques lo que repugna sino también sus fundamentos. Hablar de "un exceso temporal" y de una violación de la garantía del "plazo razonable" equivale a desconocer los mil y un vericuetos leguleyos que fueron utilizados por la defensa del ex presidente en pos de lograr la prescripción de la causa.

El mal precedente que sienta este fallo es de extrema peligrosidad para el futuro de otros casos de corrupción política. A este ruinoso fallo contribuyó también otro –igualmente ruinoso– dictado el año pasado nada menos que por la Corte Suprema que, contrariando lo dictaminado por la Cámara Nacional Electoral, le permitió al actual senador nacional por la provincia de La Rioja presentarse a competir como candidato para renovar su banca.

En sus votos, los doctores Riggi y Catucci hablan del paso del tiempo, de la prescripción y del tiempo razonable. Son consideraciones discutibles, porque en el medio de todo este largo proceso –fueron 23 años– hubo condenas contra el ex presidente. Vista gorda.

El fallo de Riggi es mucho más controvertido porque se aparta de lo que es la prescripción por el paso del tiempo y hace valoraciones en relación a si un presidente puede tener conocimiento de todas las circunstancias que rodean la firma de un decreto. Este punto es un antecedente complicado porque no solo se aplica a Cristina Fernández de Kirchner para exculparla en alguna de las causas que enfrenta sino que, en adelante, puede ser válido para cualquier otro presidente al que le otorga una especie de privilegio que rompe el principio de que todos somos iguales ante la ley. 

El fallo ha ahondado el tembladeral que se produjo al interior de Cambiemos luego de las declaraciones del ministro de Justicia, Germán Garavano, oponiéndose a la eventual prisión preventiva de CFK. La posición de Elisa Carrió de llevar a juicio político al ministro es, hasta ahora, irreductible. "Vamos a seguir con esto; es para lo que nos votó la gente", afirmó uno de los legisladores de la Coalición Cívica que el jueves le ratificó la postura de la agrupación al jefe de Gabinete, Marcos Peña.

Al ministro se le agregan ahora los camaristas Riggi, Catucci y Mahiques. El fallo de Riggi es mucho más controvertido porque se aparta de lo que es la prescripción por el paso del tiempo y hace valoraciones en relación a si un presidente puede tener conocimiento de todas las circunstancias que rodean la firma de un decreto. "Cuando el PRO hizo alianza con la Coalición sabían como éramos nosotros; sabían que hay cosas que no íbamos a admitir", señala con firmeza una aliada incondicional de Carrió que agrega: “Esto está hablado, nosotros no vamos a permitir estas circunstancias, ellos harán su planteo, nosotros el nuestro. Cambiemos seguirá y nosotros seguiremos pidiendo Justicia”. Sacando cuentas. Con todo, es la economía la que representa el principal problema del Gobierno y de la mayor parte de la ciudadanía. Se vive en medio de un día a día con ausencia de buenas noticias. Es la economía del dólar y sus circunstancias.

En ese sentido, el viernes se celebraba que el valor de la divisa estadounidense hubiera operado a la baja durante toda la semana con excepción del jueves. Como las cosas sigan así, será una victoria pírrica. No hay mucho que festejar –en verdad, nada– cuando esa caída del valor del dólar se consiguió a expensas de las licitaciones diarias de las Leliq –Letras de Liquidez– con intereses que anulan toda chance de actividad productiva seria y sostenida.

No por casualidad el ministro de la Producción, Dante Sicca –a quien Elisa Carrió critica con fuerza– salió a decir que “las tasa de interés tienen niveles incompatibles con la producción”. A partir del 1º de octubre volvieron a subir 3 puntos los encajes, lo que está obligando a los bancos a cortar las líneas de crédito con el objetivo de poder cumplir con los requisitos de liquidez que les exige el Central.

Con esta suba de encajes tienen que acomodarse de aquí a fin de mes de alguna manera, ya sea buscando más depósitos o cortando rápidamente más líneas de crédito. Desde ya que el corte de préstamos que están haciendo los bancos impacta negativamente en la actividad económica.

Desde el lunes con este nuevo programa del Banco Central se arrancó con las licitaciones diarias de Leliq, que es un instrumento utilizado para desarmar la bomba de las Lebacs. Hasta aquí, lo único que se está viendo es que se está armando una bomba más grande y peligrosa que la anterior, porque aquella tenía vencimientos cada treinta días y tasas del 45%, mientras que acá se habla de un instrumento de las mismas características emitido por el Banco Central, pero a siete días y con una tasa que arrancó el lunes a 72%, siguió el martes a 73% y el miércoles y jueves a 74%.

En el bolsillo de la gente lo que pesa es la inflación y el impacto de las tarifas. Para los que tienen trabajo la angustia es cómo llegar a fin de mes. Para los que no lo tienen, la vida se acerca al infierno del día a día en la lucha por la supervivencia. La cola de más de mil personas anhelantes de ocupar alguno de los diez puestos de trabajo ofrecidos por una pizzería en Rosario queda lejos del micromundo que impera en las cómodas oficinas del Banco Central.

Había entre ellos empresarios pymes que hoy están en la ruina. Los 11 mil inscriptos que aspiran a ingresar para cubrir las poco más de mil vacantes que ofrece la Escuela de la Policía de Santa Fe gira en la misma órbita. Estos –y muchos más– forman parte de un universo de derrumbe social al que, lamentablemente, se viene incorporando cada vez más gente. Carlos Melconian, el hombre que estuvo a punto de reemplazar a Nicolás Dujovne al frente del Ministerio de Economía, ha pronosticado cuatro trimestres de recesión. Es lo que Dujovne ha llamado tiempos duros, algo de cuya dimensión y gravedad en el impacto sobre la vida de millones de personas seguramente tiene poca idea. 

Fuente: Perfil



Post img Post img Post img

OPINÁ SOBRE ESTA NOTICIA