03.03.2019
Por Silvia Mercado

Macri abandonó la convocatoria a la unidad nacional. ¿Por qué?

Como en la serie danesa Borgen, el Presidente se alejó del romanticismo para volver a ganar.


La realidad también se construye con la ficción. De hecho, es bastante probable que mucho de lo que piensa Mauricio Macri de las obligaciones presidenciales una vez llegado al poder esté formateado por  la miniserie de la televisión danesa Borgen, a la que aludió en reiteradas oportunidades. Para los que no la vieron, la primera temporada trata del ascenso de una nueva política, Brigitte Nyborg, y un nuevo partido, el Moderado, que alcanza el poder por el fracaso del principal partido tradicional, el Laborismo.

En su cargo como primer ministro, Nyborg va despojándose de lo que creía cuando ganó las elecciones, perdiendo amigos, familia y aliados, para hacer "lo que tiene que corresponde" a su investidura. Lo hace sin lamentos ni autocomplaciencias porque desde Christiansborg, sede de los tres poderes del Estado y oficina del premier ("Borgen" se le dice popularmente a ese Palacio), las limitaciones estructurales de su país se ven de otra manera y lo que antes parecían claudicaciones se vuelven razones de estado, difíciles de explicar al electorado.

Nyborg se vuelve más mezquina cuando conviene cerrar acuerdos económicos que antes de llegar a su función no hubiera aceptado, más nacionalista cuando avala cuando conviene comprar armamento militar a un precio mucho más alto de lo que razonable, más cínica cuando no duda en pedir la renuncia de un viejo amigo a un importante ministerio para colocar allí a un aliado del que necesita su respaldo en el parlamento.

Solo hay un paquete de valores que no negocia: mantener su palabra de que no beneficiará a nadie cercano con una decisión de ella, aún a costa de romper su matrimonio; la libertad de prensa, aunque más de una vez se haya visto perjudicada por información que apareció en los medios; la decisión de decir la verdad sobre los asuntos públicos, que traslada a todos sus funcionarios, a los que recrimina cuando mienten.

Es imposible no intentar buscar los paralelos. Como Nyborg, Macri se fue agriando en el poder, perdiendo la alegría, desangelándose. El otro lado del espejo no debe ser sencillo, porque el líder quiere ir a un lugar pero los otros también juegan, y lo impiden una y otra vez. De eso se trata la política. Está claro que Macri tenía más experiencia que Nyborg en el poder, ya que venía de ocho años como jefe de Gobierno porteño. Pero también que jamás pensó que tendría que pedirle ayuda al FMI para evitar el derrumbe, ni aceptar que la pobreza y la inflación no bajarían, como ahora tiene que hacerlo.

Al igual que la primer ministro de la serie danesa, Macri tenía una visión romántica de la escena, que fue lo que le permitió llegar al poder. Pero como Nyborg, no dudó en hacer los ajustes necesarios para continuar sin entregarse a los que querían su fracaso, aún a costa de ir contra sus propias convicciones, mostrando un pragmatismo que pocos imaginaban.

En efecto, nadie confiaba que Nyborg seguiría firme en su puesto un año después, cuando tenía que inaugurar las sesiones ordinarias del Parlamento.  En un solo capítulo corrió a su mejor amigo de la política de su cargo, le pidió a su marido que renuncie a un trabajo que lo había hecho sentir útil, fue capaz de fingir que no tenía una crisis matrimonial ante los medios, y derrumbada por el pedido de divorcio se preparó para el discurso más importante de su carrera política, el que sus enemigos creían que sería el último.

Tampoco los enemigos de Macri creyeron que llegaría hasta aquí. Pronosticaron helicópteros desde el primer día, convencidos de que se trataba de una sino inevitable por tratarse del "tercer gobierno radical". La realidad sí les dio la razón, porque ninguna estadística económica ni social favorece a la gestión. Sin embargo, el Presidente no se amilanó. Encaró su último discurso previo a la campaña por la reelección con un tono inesperadamente alto, que sorprendió a los propios, pero también a extraños.

Brigitte Nyborg, la primer ministra en la serie Borgen

Los más rancios opositores dijeron que fue su discurso de despedida. Si así fuera, Macri también demostró que no está dispuesto a irse sin pelea. Y para que no quede ningún tipo de dudas, además preparó el ring.

Porque la otra promesa que  Macri incumplirá es la de unir a los argentinos. En su discurso de casi una hora no creyó necesario realizar ninguna convocatoria a la unidad, ni pidió colaboración a los opositores para la construcción de los desafíos que vienen, que no son pocos ni sencillos de resolver.

La estrategia de polarización es una muestra del límite más claro que encontró en su Gobierno, otra brusca caída en la realidad, una nueva prueba del fracaso de la visión con la que llegó Cambiemos o, por lo menos, de la incapacidad de construir un consenso político desde la gestión.

"El miedo a Cristina es briefing, no narrativa", dijo el viernes por Twitter el experto en comunicación Guillermo Raffo desde San Pablo, donde vive hace 20 años trabajando para políticos brasileños. En efecto, hay quienes insisten en criticar al Gobierno por decidir una campaña polarizada, como si la grieta fuera un invento de Jaime Durán Barba y no un dato palmario del presente.

En todo caso, lo que hay que achacarle al Gobierno es no haber podido llegar hasta aquí con la construcción de un consenso transversal que supere los acuerdos puntuales y genere mayor confianza en el horizonte para inversores externos e internos. Macri no quiso o no pudo abrirse a un modelo transformador en esa materia y entró más cómodo aceptando la polarización, que es lo que conoce y le asegura un alto piso de electores.

En eso sí se diferenció de Nyborg, la primera ministra de Borgen. Aunque siguieron criticándola en público, ella ganó el corazón de los opositores cuando les dijo que "creo que nos necesitamos unos a otros, porque estamos unidos más allá de lo que nos separa". Claro que se trata de una serie de televisión. La realidad, se sabe, es bastante más compleja. Habrá que ver si los argentinos le dan a Cambiemos una segunda temporada.

Fuente: Infobae



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