20.09.2020
Por Jorge Fontevecchia

Irse de Argentina

El reloj, las flores, las lámparas, las sillas, la alfombra son las mismas.


La Argentina es otra. Para la gran mayoría de argentinos, peor que aquella de enero de 2018, cuando el presidente del Banco Central de Macri dio su único reportaje, que esta Argentina en la que el actual presidente del Banco Central, Miguel Pesce, hizo lo mismo en la misma oficina dos años y medio después.

Hoy no pasa un día sin que se conozca que una empresa internacional se va del país (Falabella) o planea irse (Walmart), o algún argentino cercano a cada lector. En aquella donde el Banco Central era presidido por Sturzenegger, todo lo contrario: el gobierno más amigo de los mercados que la Argentina haya tenido había ganado las elecciones de medio término en octubre de 2017 y se preparaba para hacer realidad las promesas de lluvia de inversiones y dólares producidas por empresas internacionales que vendrían a radicar una filial en el país. Y que habían esperado para concretarse la confirmación del poder político de Macri revalidando su liderazgo en las elecciones de medio turno. 

Vinieron sí Uber, Rapi, PedidosYa y Glovo, esta última española, la que, por la crisis económica ahora se tiene que ir y será absorbida por PedidosYa, también internacional, nacida en Uruguay. A pesar de ser sede de la cumbre del G20, la Inversión Extranjera Directa en Argentina en 2018 fue similar a la de 2015, último año de la presidencia de Cristina Kirchner con cepo.

En 2019, el último año de Macri, fue un 10% menor y, en conjunto, en los cuatro años de Macri la inversión externa fue menor que en los cuatro años del gobierno que lo precedió. Pero el optimismo sobre el futuro del país era significativamente mejor en ese comienzo de 2018, mostrando las diferencias entre las expectativas y la realidad, y el tiempo que requiere una expectativa en convertirse en frustración.

Hoy el humor económico de Argentina está en modo “salir”, como bien citó ayer al economista Miguel Bein en su columna Roberto García, lo opuesto al humor económico argentino a fines de 2017, que era “entrar”. Para proyectar cómo será ese humor a fin del año próximo hay que distinguir cuánto de la expectativa actual corresponde a la falta de confianza en la gestión económica del Gobierno, cuánto a la desazón que generó la frustración con la gestión económica del gobierno anterior, y cuánto por la crisis económica que genera la pandemia.

Esta última cambiaría drásticamente con la aplicación de una vacuna que dejara al Sars-2 al nivel de peligrosidad del Sars-1, algo que para fines de 2021 sería esperable. Lo mismo el duelo por la frustración con la gestión económica del gobierno anterior, que dejó sin ilusión de alternativa a una parte importante de la sociedad y debería ir atemperándose, por lo menos en la medida en que Rodríguez Larreta ocupe el lugar de liderazgo de la oposición y Macri lo fuera perdiendo. 

Dos de los tres motores del natural pesimismo tenderían a reducirse, quedando todo el espacio de las expectativas en manos de la gestión del actual gobierno, que juega su suerte en los próximos doce meses a la progresiva recuperación de la actividad durante la salida de la pandemia y la confirmación de la cohesión de su coalición en y tras las elecciones de octubre 2021.

De la misma forma que convoca mucho más la atención  en los medios los expositores altisonantes (desde Berni hasta Javier Milei), los pronósticos catastróficos son más atrapantes. No tienen más probabilidades de acierto, tampoco menos, pero ocupan más espacio en los medios por múltiples factores.

En buena medida porque son verosímiles pero también por un comprensible deseo de confirmación del sesgo que comparten ciertos emisores y receptores. Pero las cartas no están echadas, y no hay un solo camino en la vida de ninguna persona ni de ningún país. Quienes decidan irse a vivir al extranjero estarán en lo cierto o lo errado por cuestiones más de largo plazo que la administración de los Fernández y más existenciales de cada individuo.

Lo mismo con las empresas que se van, vinieron o en algún momento vendrán: no es por un gobierno o por una coyuntura que toman las decisiones más exitosas. Al revés, la noche hoy está más negra aún y con pronósticos con igual capacidad de falibilidad que los de 2017 

Para quienes deseen apelar más a la razón que a las sensaciones es recomendable la lectura comparada de los dos reportajes a los presidentes del Banco Central de 2018 y hoy. El de Sturzenneger en https://bit.ly/3kxALmf y el de Miguel Pesce en https://bit.ly/2RKnafb, de esta edición.

Una última recomendación: relativizar la capacidad de predicción de aquello que no depende de nosotros y concentrarnos en lo que sí depende de nosotros. 

Fuente: Perfil.com



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