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<< LA RED NOTICIAS Cristina le hace otro favor a Vidal >>
11.06.2017 | Por Julio Blanck
La actitud proscriptiva de la ex Presidenta hace crecer a Randazzo. La nueva fragmentación peronista ayuda a Cambiemos.

Cristina Kirchner volvió a desvariar en las redes sociales. A propósito del dibujo del maestro Hermenegildo Sábat, publicado el jueves en Clarín, donde Florencio Randazzo le oficia de peluquero, ella escribió en Twitter:

“Violencia simbólica contra una mujer. Una vez más, Clarín y Sabat lo hicieron. Hoy una caricatura que ocupa la totalidad de la pág. 3. Un hombre (no importa quién) con una tijera en sus manos cortándome el pelo... o la cabeza? Porque mi cuerpo no se ve, pero el de él sí”.

“Algunas caricaturas emblemáticas de la violencia simbólica sobre la mujer que Clarín y Sabat me dedicaron. Ojos en compota, boca clausurada, voz censurada y ahora cabeza cortada. ¿No será demasiado?”

Un médico allí, por favor.

Mauricio Macri y María Eugenia Vidal ruegan porque estos impulsos viscerales de Cristina, tan nutricios para sus seguidores férreos y tan expulsivos para todo el que no pertenezca a la secta, se mantengan vigorosos hasta el final de la campaña si ella es candidata.

Cristina y sus ultra K sólo pueden disputar poder en Buenos Aires. En el resto del mapa quedaron como expresión testimonial, fagocitados por los peronismos locales. Pero en la Provincia, territorio de incógnitas, aún persistiría cierta duda sobre la candidatura de la ex Presidenta.

Esa postulación parece imprescindible para mantener abrochado el paquete de intendentes peronistas que la acompañan; los menos por adhesión fervorosa, los más por temor al fuerte arrastre electoral que ella conserva en sus municipios.

Los intendentes le pidieron que defina las listas de candidatosdiez días antes del cierre, el próximo 24. Ella, como única y graciosa concesión, prometió darles a conocer esos nombres con cinco días de anticipación. Como esos intendentes están para aceptarle cualquier cosa, porque ella los puede, le aceptaron esto también. Igual, anida entre varios de ellos el temor de que a última hora, cuando todos tengan sus cartas jugadas, Cristina les termine empalando en las listas a sus guardias de corps de La Cámpora, a sus incondicionales que terminan mandato en el Congreso y al séquito de esperpentos no-peronistas que le hacen de constante platea aplaudidora.

Se lo aguantarían como quien traga una medicina repulsiva pero necesaria, si cuentan con el beneficio de tener a Cristina juntándoles votos al tope de la boleta. Pero temen que otra vez les hagan el trabajito fino y los terminen dejando colgados de cualquier caricatura de reemplazo. Nadie dice que eso vaya a pasar. Pero nadie asegura cien por ciento lo contrario.

Otra gran incógnita peronista es que pasará finalmente con Florencio Randazzo. El ex ministro resiste el acogotamiento al que lo someten Cristina y sus amables Guardianes de la Fe tratando que renuncie a la interna y se acople a una lista única. El viernes lanzó su espacio al que bautizó Cumplir, en alusión a su gestión con los trenes y los documentos personales. “Esa es mi identidad”, se ilusiona Randazzo.

La obcecación de Cristina en fumigarlo de la interna le está dando un lugar central inesperado y una visibilidad como competidor que las encuestas hasta acá no venían sosteniendo. No debería sorprender demasiado: es la misma Cristina que después que murió Néstor le encomendó el armado de la listas a Carlos Zannini y La Cámpora, que nombró vicepresidente a Amado Boudou, candidato a gobernador a Aníbal Fernández y candidato a vicepresidente al propio Zannini para que cuidara los desvíos de Daniel Scioli, a quien nunca quiso ni respetó.

Para Randazzo, la exclusión a la que pretenden someterlo es “una locura sin fundamento”. Y revuelve el cuchillo en la herida kirchnerista que sangra desde hace casi dos años: “lo que ella va a provocar es que la PASO se transforme en otro ballotage”. Parece tenerse más fe por el temor que exuda la actitud proscriptiva de Cristina que por la confianza en el volumen actual de sus propias fuerzas.

El libreto de Randazzo para la interna es sencillo. Lo dice en el video que se mostró en el acto de presentación de su espacio, que estuvo rodeado de un secretismo inexplicable, con puertas cerradas e información rigurosamente vigilada. En ese mensaje, Randazzo dice, palabras más o menos: “el gobierno de Macri es hijo de nuestros errores; yo me hago cargo de los errores y de los aciertos, pero de los pecados que se hagan cargo los pecadores”. Dicho en criollo: los corruptos que respondan ante la Justicia. No deja de ser una propuesta arriesgada, después de haber sido parte en los gobiernos de Cristina del primero al último día. ¿Cuántos en el sector de Randazzo están libres de pecado para tirar la primera piedra?

Hasta hoy, el juego de Cristina se encamina a crear un Frente Ciudadano para la Victoria que no incluya en su constitución al Partido Justicialista. Es una arquitectura jurídica con reglas de juego propias, por encima de las normativas partidarias, que tendría respaldo en antecedentes inmediatos como la creación de Cambiemos dos años atrás. Pero Cambiemos se creó como expresión de un acuerdo entre el PRO, el radicalismo y la Coalición Cívica y este Frente Ciudadano, en cambio, sería el vehículo para resolver un desacuerdo profundo al interior del peronismo. Puede tener sustento jurídico, pero políticamente es inestable y explosivo.

Si esto ocurre y Cristina deja tirados en el rincón de lo inservible a la estructura y los símbolos del peronismo, Randazzo va a reclamar para su espacio el sello del PJ bonaerense. Ya dio un paso estratégico inscribiendo sus avales para la interna. De allí a la judicialización de la disputa hay un solo paso. Esta posibilidad alarma a la dirigencia del PJ. El viernes los escenarios de posible crisis se analizaron a última hora en una reunión de las autoridades partidarias con los apoderados, encabezados por el histórico Jorge Landau. Detalle a considerar: Landau, que integra la larga lista de maltratados por Cristina, dijo en público que no hay artilugio legal que le impida a Randazzo competir en las PASO.

El presidente Macri y la gobernadora Vidal miran este espectáculo con deleite infinito. Aun sin explotar la polarización con Cristina que tanto fogonearon, porque Sergio Massa se mantiene como una referencia dispuesta a terciar en la disputa electoral, ven como la ex Presidenta una vez más resulta funcional sus planes.

A través de sus operadores políticos, el macrismo alentó desde hace tiempo una disidencia kirchnerista encarnada en Randazzo y con apoyo en algunos intendentes, sindicatos grandes y movimientos sociales. El plan era polarizar con Cristina y al mismo tiempo debilitar su potencial promoviendo a sus opositores internos. La jugada funcionaba si Randazzo iba por afuera. Así el voto peronista se fragmentaba sin remedio y en una elección cerrada eso ponía a Cambiemos mucho más cerca del triunfo. Pero el empecinamiento del ex ministro en pelearle a Cristina dentro del espacio peronista-kirchnerista les había estropeado en parte ese plan.

Tal como están planteadas las cosas a esta hora, Cristina le está solucionando el problema a los operadores de Vidal, expulsando de hecho a Randazzo y dejándole como primera opción el competir en listas separadas.

Si a eso se suma una posible tercera lista con intendentes peronistas y dirigentes que gobernaron municipios y que hoy no encajan en ninguno de los armados principales, la dispersión de ese voto opositor parece garantizada.

Vidal jamás supuso que Cristina podría hacerle otro favor como éste, después de haberle inventado a Aníbal Fernández como oponente en 2015.

La gobernadora, igual, está muy lejos de confiarse. Analiza el escenario electoral de la Provincia como un sistema donde los tres actores principales están trabados.

Cristina, porque tiene un núcleo duro de votos significativo, que la hace naturalmente competitiva, pero encuentra dificultades muy serias para trascender más allá de ese espacio incondicional.

Massa –de quien habla con el cuidado debido a un socio en la gobernabilidad- porque tiene un núcleo electoral reducido pero con potencial para crecer fuertemente, aunque supone que la polarización terminará dejándolo afuera de la disputa principal.

Y ella misma, porque aunque su figura tenga los niveles de popularidad más altos y la marca Cambiemos sea más potente hoy que la del peronismo y el Frente para la Victoria, sufre como contrapeso un año y medio de gestión en la que la economía no dio respiro a los sectores medios y más humildes. Además, sus posibles candidatos no tienen el peso de Cristina, de Massa o de Randazzo. Así, Vidal deberá cargarse la campaña al hombro, sin saber cuánto de su imagen y magnetismo podrá transferirse como caudal de votos a quienes vayan en la boleta.

Para todos, infierno y paraíso están al alcance de la mano. No hay margen para errores, ni en el armado de alianzas y candidaturas, ni en la estrategia proselitista.

Dice una definición clásica: la campaña nunca gana una elección, pero puede ayudar a perderla.



Fuente: Clarin.com

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